Desde hace más de 40 días, el mundo observa con miedo o intriga la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Hasta el momento, los escenarios son inciertos: todo puede pasar y nada es seguro. Aun así, me gustaría exponer qué podría pasar, en especial en el Sur Global, ahora que la posibilidad de una victoria decisiva de Estados Unidos parece haberse esfumado, luego de no conseguir sus objetivos en los primeros días del conflicto (cambio de régimen, implosión del Estado iraní, victoria incondicional).
Algunos comparten esta preocupación. Por ejemplo, Niall Ferguson, historiador especializado en la defensa de imperios y porrista habitual del legado de Occidente, ha comparado la situación actual de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz con la crisis de Reino Unido en el Canal de Suez en la década de 1950. No es una comparación menor: la pérdida de ese canal puso un punto final indiscutible al imperio británico.
Ferguson señala que “la principal lección de Suez es que el tiempo no está del lado de un hegemón desbordado, porque los costos económicos de la guerra se acumulan más rápido que los beneficios estratégicos que pueda recoger”. Cuando alguien de la élite de la pandilla mundial de imperialistas (hasta en eso hay niveles) sugiere que la derrota de la principal potencia occidental de hoy en día es muy probable, uno puede permitirse soñar.
Las deficiencias del poder militar y político de Estados Unidos son cada vez más claras. Más que una estrategia coherente de seguridad, pareciera que nuestros vecinos del norte tienen prisa por reafirmar su posición como líderes del mundo: los asesinatos con ataques a embarcaciones en el pacífico, el secuestro de Maduro en Venezuela, el bloqueo a Cuba, los bombardeos en Ecuador, la presión por Groenlandia y lo que sea que se venga para México. Pero, como todo en la economía y la sociedad estadounidense, los monopolios se han comido a su ejército. La estructura y capacidades de su hipertrofiado ejército les sirven solo para dos cosas: intimidar, con sus buques y aviones, y hacer ataques precisos, como secuestros, asesinatos, bombardeos, que aumenten su capacidad de negociación. ¿Podría ser que esta sucesión de demostraciones ansiosas de poder sea, en realidad, una forma de ocultar su fragilidad?
Más allá del deseo de un resentido, lo relevante es entender que una eventual derrota de Estados Unidos tendría consecuencias profundas a escala global, particularmente para el llamado Sur Global.
La batalla de Tsushima como precedente
La victoria de un “David” contra un Goliat (en este caso, contra dos) no es algo nuevo. Uno de los ejemplos más relevantes que nos ha dejado la historia es el de Japón, cuya humillación en su primer contacto con Occidente detonó un acelerado proceso de modernización. En pocas décadas, Japón se transformó y emergió como potencia.
En 1905, la victoria japonesa sobre Rusia, la batalla de Tsushima, tuvo un impacto simbólico profundo en el mundo colonizado y entre los intelectuales que promovían el fortalecimiento interno de sus pueblos para hacer frente a Occidente. Rabindranath Tagore, figura del pacifismo y primer premio Nobel de Literatura de la India, celebró la victoria con una marcha triunfal alrededor de una pequeña escuela rural en Bengala. Un joven Mao Zedong memorizaba una canción de aquel país, enseñada por su maestro que pasó algunos años en Japón. Al recordarla, decía poder sentir algo del poder y el orgullo de aquel país en su victoria sobre Rusia.
El proceso de fortalecimiento llevó a que Japón replicara prácticas imperialistas que originalmente había sufrido. Para probar que merecía sentarse en la mesa de las naciones civilizadas, atacó a China y a Corea, para luego lanzarse a conquistar/liberar toda Asia durante la Segunda Guerra Mundial. En 1930, Tagore explicaba a los estadounidenses que ellos hacían caso omiso de la dominación de Gran Bretaña en la India, pero se preocupaban por la de Japón solo porque este último “lograba volverse tan odioso como ellos”.
La historia de Japón muestra que la subordinación no es solo militar o económica. Como cualquiera que haya tenido la mala suerte de escuchar a nuestros “líderes” de opinión, la dominación también es intelectual, moral y espiritual. Lo importante de la batalla de Tsushima fue que permitió aflojar estas cadenas en una gran cantidad de pueblos.
El mundo que emerge
Si Irán logra imponerse a Estados Unidos, el paralelismo con Tsushima sería inevitable. No por una equivalencia exacta, sino por su efecto simbólico: la derrota de una potencia dominante por un país considerado “atrasado” y periférico.

Pankaj Mishra señala que las respuestas del mundo no occidental ante el sentimiento de debilidad y decadencia provocado por el contacto con las potencias europeas y estadounidenses se agrupan en tres grandes corrientes:
- Tradicionalismo: el retorno estricto a las raíces culturales provocaría el fortalecimiento y la renovación de los pueblos y las naciones humilladas.
- Reformismo moderado: las tradiciones locales son un buen punto de partida cultural, al que “solo hay que sumarle una o dos técnicas y secretos de Occidente”.
- Ruptura radical: es necesario abandonar por completo las tradiciones de los pueblos para adoptar plenamente la modernidad occidental.
Irán puede entenderse, en buena medida, dentro del segundo grupo: ha mantenido elementos centrales de su identidad cultural y religiosa, mientras desarrolla capacidades tecnológicas y científicas propias. A pesar del estereotipo de una dictadura islámica brutal y retrógrada, en 2018 Irán egresaba cada año casi tantas personas ingenieras (233,695) como Estados Unidos (237,826). Más aún, datos de 2015 señalan que el 70% de estudiantes en carreras STEM (acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en Irán eran mujeres.
Más allá del resultado militar, que podría resolverse en el corto o mediano plazo, el conflicto también refleja una transición más amplia en el sistema internacional. Por una parte, el poder económico global se desplaza poco a poco hacia Asia, con China como actor principal. Al mismo tiempo, la legitimidad moral de Occidente enfrenta cuestionamientos recientes, sobre todo a partir de Gaza.
Como se ha señalado en otra publicación de Surcos, hay indicios de que la capacidad de Estados Unidos, en particular, y de Occidente, en general, para imponer su hegemonía ha terminado. Lo interesante es que también parece más limitada su capacidad para imponer su voluntad por medio del uso de la fuerza. En este sentido, las perspectivas se abren, sobre todo, para los países del Sur Global. Una batalla en Ormuz podría elevar el espíritu de muchos pueblos en Asia, África y Latinoamérica.
Ante lo que parecen ser los últimos coletazos irracionales de un imperio en decadencia, es necesario replantear si nuestros países se han fortalecido lo suficiente en lo económico y militar, así como, más importante aún, en lo intelectual y moral.
Bibliografía
Ferguson, N., & Lake, E. (2026, April). How great powers lose wars they’re winning. The Free Press. https://www.thefp.com/p/niall-ferguson-how-great-powers-lose
Guttman, A. (2015, December 9). Set to take over tech: 70% of Iran’s science and engineering students are women. Forbes. https://www.forbes.com/sites/amyguttman/2015/12/09/set-to-take-over-tech-70-of-irans-science-and-engineering-students-are-women/
G., Atari, & Allende, C. (2026, febrero 13). Crónica de una muerte anunciada. Surcos. https://surcos.com.mx/cronica-de-una-muerte-anunciada/
Maalouf, A. (2023). Le labyrinthe des égarés: l’Occident et ses adversaires. Grasset.
Mishra, P. (2012). From the ruins of empire: The revolt against the West and the remaking of Asia. Penguin Books.
Stoller, M., & Kunce, L. (2019, June 27). America’s monopoly crisis hits the military. The American Conservative. https://www.theamericanconservative.com/americas-monopoly-crisis-hits-the-military/
